Es común confundir estos virus porque todos afectan directamente al hígado. Sin embargo, tienen orígenes, vacunas y formas de transmisión totalmente distintas. Conocer estas diferencias te ayudará a entender mejor cómo cuidar tu cuerpo.
La hepatitis A se transmite principalmente por agua o alimentos contaminados con heces infectadas. Es una infección de corta duración que no se vuelve crónica. Además, se puede prevenir fácilmente mediante una vacuna.
La hepatitis B se contagia a través de fluidos corporales como el semen o la sangre. Puede ser de corta duración o convertirse en una enfermedad crónica. Cuenta con una vacuna altamente efectiva para evitar su contagio.
La hepatitis C se transmite exclusivamente por el contacto directo con sangre infectada. Esto ocurre al compartir agujas o elementos de higiene personal con rastros hemáticos. A diferencia de las anteriores, no existe una vacuna preventiva para este virus.
Si quieres seguir aprendiendo sobre cómo proteger tu salud hepática, te invitamos a explorar más en nuestros blogs y canal de Youtube @Siessaludips.